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miércoles, 29 de febrero de 2012

Con-Fusiones Vol. I


*Artículo publicado para la Revista Música en el 2010.

América Latina es un continente fusionado. Culturalmente somos hijos del mestizaje entre europeos, indígenas y africanos. Somos producto de la mezcla de sus diferentes lenguas, razas, culturas, religiones… y de músicas que se han encontrado para dar origen a las fusiones que hoy conocemos. Delimitaremos las fusiones de la Música Colombiana en la historia moderna y de como gastados discursos sobre multiculturalidad y globalización han influido en la rearticulación de la idea de lo nacional en nuestra música.

Big Band con sabor colombiano.

Las músicas que se han fusionado son las que evolucionan en el tiempo y un claro ejemplo de ésto lo encontramos en los años 50 en Colombia, cuando se dio un fenómeno de gran importancia en la historia de nuestra música: ritmos tradicionales como el bolero, el porro y la cumbia, fueron popularizados gracias a una orquesta de música colombiana con formato Big Band, de las mismas que eran famosas en New York.

A diferencia de las Big Band de Jazz americanas, la orquesta de “Lucho” Bermúdez, tenía una influencia notoria de bandas tradicionales y gaitas, pero fusionada con instrumentos orquestales como el saxofón, trompeta, trombón, batería, bajo y piano, además tenía un conguero, tres cantantes y un clarinetista: el mismo Bermúdez. Un instrumento como el clarinete que comúnmente es de la orquesta sinfónica, el maestro Bermúdez logró introducirlo en la orquesta tropical y popularizarlo.

Lucho Bermúdez con su orquesta, redescubrió en un formato grande la música colombiana, su sonido contundente que llena cualquier espacio, alcanzó un discurso musical completo y adelantado para su época. Hubo otros músicos como él, que también aportaron a ese desarrollo: Pacho Galán, la Orquesta Sonolux y la Orquesta de los Martelo, son otros ejemplos del modelo comercial que imperó en todo el mundo. Nadie como Lucho Bermúdez -compositor, arreglista, director e intérprete- logró un reconocimiento internacional, en aquel momento inalcanzable para la mayoría de los músicos del país. Desde entonces, la música colombiana no ha parado de madurar, innovar y transformarse. Desde los años 50, empieza nuestro recorrido por los diversos encuentros musicales en Colombia[1].

Los pioneros

“La Columna de Fuego”, es el nombre del grupo que en 1972 lanzó un sencillo en el que se experimentaba con las posibilidades de la música folclórica colombiana en el rock. Roberto Fiorilli (Batería), Jaime Rodríguez (Guitarra) y Marco Giraldo (Bajo) fueron los pioneros de ésta fusión, cuyas composiciones tenían una forma abierta, improvisación ácida y solos extensos. Gracias al encuentro con el investigador Esteban Cabezas, el grupo inició un periodo de exploración de las músicas afro-colombianas, introduciendo la rítmica y melódica del pacífico en su propuesta musical y logrando las primeras apropiaciones de las músicas regionales por parte de los rockeros bogotanos.

Después de recorrer importantes escenarios del país y de ampliar el formato de la banda a siete músicos, realizaron una gira en Europa con Leonor Gonzáles Mina, “la Negra Grande de Colombia”.

Mario Galeano[2] investigador del proyecto de La Columna, opina que la exploración realizada este grupo anticipó en décadas la tendencia que caracteriza el actual momento de la música nacional. Luego de eso, llegaron veinte años de sedentarismo musical en Colombia, en la cual no hubo experimentos y depuraciones musicales alrededor de la unión de lo local y lo global. Sin ese bache, tal vez las cosas hubieran sido similares a la investigación que realizaron los músicos brasileros en esa misma época y que ahora nos llevan años de reconocimiento de su propia música.

De vuelta a la Tierra del Olvido

Para Octavio Paz[3] “La ruptura es un cambio en el horizonte -estético, eidético- hecho por la negación de la tradición y que lleva una nueva propuesta, que puede ser una invención nunca antes imaginada, lo milenario, se presenta como resurrección de civilizaciones desaparecidas”.

Los 90 son los años de la globalización, en la economía mundial llega el llamado Neoliberalismo, y aparece el Internet que permite en mayor medida este fenómeno. En Colombia se promulgó la Constitución de 1991, dónde se declaró un país pluricultural y diverso. A finales del año 1993 Colombia pasaba por un momento de entusiasmo algo inusual. El Capo, Pablo Escobar, había caído e incluso el fútbol pasaba por un momento de euforia: la selección Colombiana derrotaba a la Argentina 5-0 en Buenos Aires y era una de las favoritas para ganar el mundial de 1994.

En este contexto, el complejo de inferioridad que caracterizaba a los colombianos, empezó a quedar atrás y un fervoroso sentido de pertenencia y nacionalismo invadió a los ciudadanos.[4]

En todos los ritmos empezó a darse ese fenómeno de globalización y la fusión empezó a ser más común al tenerse la información suficiente para hacerlo. Los conservatorios y academias en el mundo empezaron a darle importancia a las músicas tradicionales y el cansancio por buscar fórmulas en la música extranjera, originó una búsqueda por un sonido propio.

Particularmente, en el rock en español surge la necesidad de tomar elementos locales para poder lograr una comunicación más amplia, y no fue sino hasta el año 1995 que éste género fusionado con la música colombiana, renace con más fuerza que nunca. “La Tierra del Olvido” es la producción considerada uno de los más importantes puntos de giro en la historia de nuestra música. No era un grupo folclórico, era una banda con guitarra, bajo, batería, teclados, pero también con caja, gaita, acordeón y guacharaca, liderada por Carlos Vives, cantautor colombiano que encabezó este movimiento. Con él nació una corriente de músicos como Ernesto “Teto” Ocampo e Iván Benavides que aceleraron el proceso del movimiento. El mismo Iván[5] opina que La tierra del olvido, defendió la independencia y muchas de sus canciones tuvieron manifiestos estéticos, innovaron en armonía, letras y la fusión entre instrumentos actuales y tradicionales, modernizando el lenguaje del vallenato. Carlos Vives no exploró la música externa para encontrar su propio sonido, exploró en el vallenato todas esas conexiones con lo externo y en “Algo tan pequeño y tan local como el vallenato conoció todo un universo” manifestaba frecuentemente[6]

Vives, es considerado también el padre del Tropipop, un género en el que influye tardíamente pues tiene una diferencia de casi 10 años desde su aparición. El Tropipop, a diferencia del trabajo realizado por él, es producto de una búsqueda más comercial, que como fórmula, corre el riesgo de fracasar. Músicos como Jerau, Fonseca y Fanny Lú, son los nuevos abanderados de este género que comercialmente pisa fuerte, pero que tiene un indeterminado futuro.

Más Con- fusiones

Según varios de los entrevistados para este artículo, debemos aclarar que el término “Fusión” debe utilizarse lo menos posible, ya que según ellos, alude a muchos tipos de fusiones, incluso distintas a las musicales. Plantean la necesidad de acuñarle un término diferente a toda nuestra música, para darle más proyección nacional e internacional. Y buscan promover que cada grupo nombre su fusión, como si fuera un género nuevo, dándole mayor especificidad.

Son incontables la cantidad de encuentros con la música colombiana que han surgido desde los 90, así que en éste artículo sólo abarcaremos dos: La nueva música tropical colombiana y el Jazz colombiano.

En los 90 los músicos del país se ven en la necesidad de hacer un análisis desde lo académico de la música colombiana. Estudiantes de los más importantes conservatorios del país, empiezan a viajar a los diferentes Festivales de música tradicional para conocer las raíces de la misma. Con ese conocimiento, deciden aventurarse a realizar fusiones con nuestra música propia y con algo de Rock y Jazz. De ésta escuela, surge el primer músico colombiano que tiene una discografía de Jazz completa: Antonio Arnedo.

Jazz a lo colombiano

Antonio Arnedo, saxofonista y compositor bogotano, tomó como punto de partida la música colombiana y la fusionó con Jazz; Arnedo componía utilizando la célula rítmica del folclor y dándole forma de standard. Fue tan avanzado su trabajo dentro del contexto colombiano, que sus discos eran estudiados en las universidades y conservatorios del país, dónde intentaban descifrar el experimento de Arnedo.

Después de Arnedo, son muchos los grupos que han investigado y creado nuevas cosas alrededor de este género musical. El Jazz Colombiano, es una fusión de Jazz contemporáneo y neoclásico con música del caribe y música de los andes. Rítmicamente el Jazz colombiano toma de Colombia los ritmos Andinos como el pasillo y el bambuco y ritmos de la costa Caribe como la cumbia y el porro. La música de los Andes en su mayoría es ternaria, el pasillo por ejemplo es ¾. Por otra parte, del Jazz se toman instrumentos como la Batería, el bajo y el saxofón y algunos conceptos y armonías que siempre rompen con lo establecido.

Las formas del Jazz Colombiano se apegan mucho a las que originalmente tienen los ritmos andinos, el Pasillo y el bambuco tiene por ejemplo forma AABC, AABBCC, ABC. Y en cuánto a formas, el Jazz, que tiene un lenguaje más intelectual, posee muchas estructuras que también le aportan a la fusión.

La armonía difícilmente puede determinarse, pero la más utilizada es la armonía Jazz y de la música contemporánea del Sigo XXI, ya que muchos de los compositores de ésta fusión hacen parte de esa escuela.

La música andina tiene estructuras más estrictas, las melodías tienen que tener los acentos de los ritmos siempre y si algo de la estructura es eliminado, puede perder todo sentido. Ésto acerca a esos géneros a la desaparición ya que por su gran dificultad son cada vez más pocos los intérpretes.

No son muchos los grupos en Colombia que trabajan con ésta fusión, aunque poco a poco se ha ido popularizando entre los músicos. En Medellín el grupo Puerto Candelaria y en Bogotá La Distritofónica, están conformados por músicos que realizan trabajos muy arriesgados; Éste último, fusiona Free Jazz con Música Colombiana y sus composiciones son muy interesantes artística y estéticamente.

A pesar de que el Jazz Colombiano es consumido por muy pocas personas, en el país, los festivales de Jazz que se realizan y el Festival Mono Núñez, son escenarios que le han abierto un espacio a éstos proyectos de exploración musical.[7]

Nueva Música Tropical

El elemento común de la Nueva Música Tropical Colombiana es la Cumbia. Cada fusión utiliza ese ingrediente de acuerdo a lo que necesita, puede tomarlo muy tradicional o más actual. El elemento externo con el que se fusiona es el Rock, que incluye todas las músicas nuevas del mundo, no tiene que sonar a rock, pero el hecho de que utilice instrumentos desarrollados en el Rock como la batería o el bajo eléctrico ya lo fusiona con este género. El hip hop con el rap y la salsa como elemento tropical que une a toda Latinoamérica (en cada país se hace de diferentes formas) y el Jazz con sus armonías, también hace parte de esos elementos que varía en cantidades pero que están presentes en la gran mayoría de proyectos de ésta fusión.

La célula rítmica es el ritmo lento y cadencioso de la cumbia. El porro del pacífico también se utiliza, ya que su papel se está redescubriendo y tomando fuerza, y otros ritmos populares como la champeta, que es una adaptación del Soukous, un ritmo africano, es utilizado también en gran medida.

La forma de éstas fusiones tienden ha estandarizarse mucho, la nueva música tropical, se han apropiado de las formas responsoriales de la música negra, formas circulares de la música electrónica y en su gran mayoría de la estructura de la salsa que se desarrolla de la siguiente manera: Introducción, 2 o 4 estrofas, puente, coro, mambo o pasaje melódico y coro. Además utilizan el lenguaje del jazz para improvisar y crear armonías interesantes. En su mayoría, esa armonía es modal, osea dominante o dórico, como al cumbia y la música más tradicional. Se utiliza tónica y dominante como parte de la herencia europea y hay una tendencia a utilizar el tono menor, pues tiene más drama y color y es más usada en Latinoamérica.

En las melodías hay unas mezclas más complejas, Pop con melodías tradicionales y el rap es incluido casi obligatoriamente. La melodía es lo más profundo de cada región, entonces depende mucho del lugar en donde se produzca.

Con respecto a las letras “Hay una tendencia a no decir nada” A veces por miedo. Hay mucha exaltación a la vanidad y los grupos que se atreven a decir algo muchas veces hacen parte de una escena alternativa donde no tienen que confrontarse ni ante medios ni entidades públicas. Además hay mucha censura en Colombia, así que quiénes se atreven a escribir, son censurados en el medio. Por otro lado, también hay una tendencia a volver todo muy rosado, como si todo estuviera bien. Estamos más bien en un momento de lo circular, que incita a escuchar la música y al baile.

Los grupos más característicos de éste género actualmente son: Sidestepper, La Mojarra Eléctrica, Systema Solar, Choquibtown, Superlitio, Bomba Estéreo, el Frente Cumbiero y La República.

Tanto el Jazz Colombiano como la Nueva Música Tropical Colombiana, hacen parte la la escena alternativa de nuestro país, donde son pocas las entidades que los apoyan económicamente y pocos los medios que los difunden. El Internet se ha convertido en el principal canal de difusión de éstos grupos, donde han abiertos nichos de un público cada vez más interesado en éste panorama alternativo.[8]



[1] Información suministrada por los músicos Juan Fernando Giraldo, Juan Diego Valencia y los periodistas Juan Carlos Mazo y Juan Carlos Garay.

[2] Compositor del Conservatorio de Rotterdam, profesor de la Universidad Javeriana y director de “El Frente Cumbiero”.

[3] “La tradición de la ruptura” Octavio Paz. Poeta, escritor, ensayista y diplomático mexicano, premio Nobel de Literatura.

[4] Juan Carlos Garay, Crítico musical y novelista.

[5] Iván Benavides, Autor, compositor, productor colombiano.

[6] Entrevista realizada por la revista Gatopardo en el año 2009.

[7] Información otorgada por Juan Diego Valencia, director del grupo Puerto Candelaria.

[8] Información proporcionada por Juancho Valencia, Jacobo Vélez e Iván Benavides en entrevistas realizadas.

Con-Fusiones Vol. II

Nueva Música Andina Colombiana



*Artículo publicado en la Revista Música en el 2010


«… Nutren el caudal de la tradición como un río enorme en que vamos navegando, pescando y soñando».

—Carlos Barreiro Ortiz


La música Andina cómo los géneros tradicionales de diferentes lugares del mundo, está siendo reinventada por los músicos de las nuevas generaciones, que a través de investigaciones exhaustivas, han decidido no dejarlas en el olvido. Cómo Barreiro[1] afirma en la cita que tomamos al principio, la música Andina se está nutriendo gracias a la experimentación de jóvenes músicos, que han optado por desafiar el agobiante e inalcanzable mundo de la música comercial.


Raíces


Los ritmos andinos, como toda la música colombiana, resultaron del encuentro étnico que redescubrió la música como un camino para plasmar ésta unión. Ésta serie de géneros, provienen de los departamentos surcados por las montañas de la cordillera de los Andes: Nariño, Cauca, Valle del Cauca, Huila, Tolima, Cundinamarca, Santander, Norte de Santander, Antioquia, Boyacá y Eje Cafetero.

Debido a su extensa cobertura geográfica, la música andina colombiana es muy amplia y variada, ya que cada región le imprime su toque cultural, derivando varios ritmos, entre los cuales los más destacados son los bambucos, pasillos, torbellinos, guabinas y españolas.

Antioquia y Bogotá fueron cuna de éstos géneros, que tradicionalmente son interpretados por instrumentos cordófonos como el tiple, requinto, bandola y guitarra. De aquella época datan una cantidad de obras anónimas, que señalan algunos, fueron compuestas por intelectuales de las principales ciudades del país que se avergonzaban por estar escribiendo música popular. Uno de ellos, fue Rafael Pombo, quién – dicen – fue uno de los grandes compositores de bambucos y pasillos.


Pedro Morales Pino


Hace más de cien años, Pedro Morales Pino (1863- 1926), compositor vallecaucano, decidió cristalizar la esencia de la música de los Andes colombianos, que nadie había transcrito al lenguaje musical hasta entonces. Pasillos, Bambucos y Danzas fueron arregladas por Pino, dándoles una estructura, que fue acatada y “aclarada” por los compositores e intérpretes de música andina en los años siguientes. Mejoró la práctica interpretativa de dichos géneros, llevándolos a un formato típico apto para la ejecución de los mismos. En 1897 organizó la Lira Colombiana, agrupación que llegó a contar con 16 integrantes y de la cual fue director y primera bandola. Con ella, el maestro Morales Pino recorrió varias ciudades del país; en Medellín, sentó las bases para la legendaria Lira Antioqueña. Luego viajó a Panamá, San Salvador, Guatemala y más tarde, a Estados Unidos; según datos de Jorge Añez[2], la Lira Colombiana fue la segunda agrupación que salió de Colombia en misión artística.

Morales Pino fue el pionero de la llamada “Música Nacional” influencia que sigue presente en todo lo que abarca la música andina.


Un poco más de historia


Con las primeras giras de la “Lira Colombiana”, los grupos de música Colombiana empezaron a ser acogidos internacionalmente. El dueto “Pelón y Marín” (Santa Marta) se trasladó a México a difundir sus éxitos, labor que lograron con creces. En ese país enseñaron el bambuco a varios músicos mexicanos, entre ellos el compositor Ricardo Palmerín, que se convirtió, en su época, en el más importante autor del Bambuco yucateco, género que llegó a México para quedarse como legado colombiano. [3]

Además de México, el dueto difundió su música en numerosas giras por Estados Unidos, Jamaica, Cuba, Honduras y Guatemala.[4]


La música Andina se erigió en Antioquia, departamento que se convirtió en su abanderado, promovido también por las primeras emisoras de radio que surgieron en Medellín.

Durante mucho tiempo la música andina fue vista despectivamente, aún más por los músicos académicos. A pesar de eso, siempre hubo quiénes promovieron una visión diferente sobre la Música Andina y que le imprimieron otros elementos musicales, desde armonías agregadas, contrapunto y formas musicales. Hubo entonces dos movimientos paralelos: el de la música popular y el de la música colombiana más académica. Nos encontramos entonces con personajes como Francisco Cristancho y Adolfo Mejía, que quisieron hacer cosas distintas y que dan cuenta de que las fusiones de música colombiana han estado presentes en todo momento.[5]


Adolfo Mejía, tenía una formación muy integra y de acuerdo a eso fueron sus composiciones. Fue neoclásico porque se mantuvo dentro de los marcos tonales y las estructuras de las pequeñas formas, aun en sus piezas más descriptivas y evocadoras con rasgos armónicos impresionistas; nacionalista porque se ocupó del mundo sonoro de su país y se propuso elaborar partituras basado en aires andinos y costeños, tal como sucedió en la Pequeña suite, los pasillos y danzas para piano y para banda y las Acuarelas colombianas para orquesta de cuerdas. [6]


En 1948 llegó a la Música Andina Colombiana, un personaje llamado Luis Uribe Bueno, nortesantandereano que llegó a Medellín con la orquesta de Lucho Bermúdez (contrabajista) El maestro puso su alta formación musical al servicio del cancionero popular y al mejoramiento estético de los intérpretes.


En Medellín había una competencia muy fuerte entre las emisoras “La Voz de Antioquia” (Caracol) y “La Voz de Medellín“ (RCN) quiénes organizaron el concurso “Fabricato” de composición de Música Andina. Luis Uribe decidió que quería ser el ganador del concurso (Y lo fue de 1949 a 1952). En sus manos, los aires folclóricos ganaron refinamiento técnico, se dice por ejemplo, que la obra instrumental “El Cucarrón” obra que presentó en el concurso, fue el primer pasillo Sinfónico compuesto, que partió en dos la historia de la música andina en el país y que por su refinada elaboración se convirtió en reto de intérpretes virtuosos. [7]


En 1960 León Cardona, conformó el “Trío Instrumental Colombiano” en compañía del tiplista Elkin Pérez y del bandolista Jesús Zapata. El maestro Cardona incorporó armonías jazz a la música Colombiana y un formato de composición diferente (por bloques, no líneal). En 1970, la música Andina, tiene un gran retroceso con un elemento paradójico: Es el momento histórico en el que más música Andina se graba y en el que floreció una época donde se popularizaron los tríos y duetos como El Dueto de Antaño, Garzón y Collazos y Martínez, Silva y Villalba, pero que realizaban un trabajo musicalmente muy pobre. Jorge Villamil se convirtió en el compositor predilecto de estos grupos, e hizo que su música se popularizara, aunque tuviera menos calidad.


Nuevos horizontes


Entre 1970 y 1980 Aparecieron los FESTIVALES DE MUSICA ANDINA y con ellos, se empezó a despertar nuevamente simpatía por la música de nuestro país y se dio un espacio de encuentro entre los músicos del mismo circuito. La música Andina se fusiona y además empieza a utilizar otros referentes sobre los cuáles hablar: no más campesinos y no más montañas, pues eso ya no era lo que identificaba al público que los escuchaba. Gustavo Adolfo Renjifo, músico vallecaucano, empezó a cantar cosas diferentes, “La Llamita” por ejemplo, es casi una canción erótica, haciéndolo único hasta entonces. También musicalizó algunos poemas de Carlos Castro Saavedra y gano un beca de Colcultura para grabar su disco.


A pesar de que evidentemente el lenguaje de la Música Andina Colombiana estaba cambiando, eran muy pocos los grupos que hasta ese entonces, hicieron fusiones con géneros del exterior.

En los 90’s, los músicos, movidos por todo el cambio generacional y cultural que había, introdujeron las fusiones a la música Andina. Eran escasos los intentos por internacionalizar la música colombiana, en parte por problemas como la escritura del bambuco. Luis Uribe, que por años trabajó en Sonolux y que tuvo mucha relación con las disqueras mexicanas, contaba que al darle a la orquesta un bambuco en ¾ para que tocaran, la orquesta no era capaz de hacerlo; mientras que al dárselos en 6/8 se le facilitaba el trabajo.


En aquel entonces tampoco hubo grandes arreglos, ni estrellas de la música andina que lograran trascender fronteras, ni alcanzar su comercialización. Sus discos sólo se encuentran en el circuito de grandes festivales como “El Mono Núñez” o “Antioquia le canta a Colombia”. Este mismo festival decidió en 1995, calificar programas musicales, otorgándole al artista un tiempo determinado para hacer un espectáculo. Ese primer experimento arrojó como ganador a un grupo llamado Damawa, de Nariño, con “Canto al Galeras” obra en la que no se sentía el género andino con tanta fuerza como antes. Héctor Fabio Torres fue otro de los precursores de la fusión, quién con obras como “Ensamble”, “Enigma” y “Diabólico”, presentó fusiones y estructuras muy complejas, hasta llegar a un punto en el que se afirmó que estaba realizando música sólo para músicos.


Otro fenómeno es la diferencia generacional entre los jóvenes músicos y el público más conservador, situación que dificulta el entendimiento, pues lleva a la audiencia y a algunos críticos a decir que la música colombiana esta siendo degenerada por esos músicos y haciendo que pierda su sonido tradicional, pues sus composiciones se salen de los límites y referentes que tuvo la Música Andina.


La Nueva Música Andina Colombiana, empezó a evolucionar en la historia, cuando una serie de propuestas empezaron a surgir desde la academia, por parte de estudiantes de música que ya estaban influenciados por la música del exterior, especialmente por el jazz y el rock. En la Universidad de Antioquia por ejemplo, se abrió un énfasis en cuerdas y la gente joven y experimental, empezó a fusionar realmente la música andina. A finales de los noventa se comenzaron a emplear instrumentos como el piano y otros electroacústicos como el bajo, que le dieron un nuevo sonido a nuestros géneros.[8]


Evolucionando


Hay una gran diferencia entre las músicas masivas y las músicas para minorías. En el caso de la música andina que hace parte del segundo grupo, se percibe que ha ganado un lugar entre un público que tiene cierto nivel como oyente y que es menos consumista, más fiel e incondicional a sus predilecciones. Aún así, los músicos de Música Andina Colombiana también sueñan con tener un espacio en el mercado, dónde alcancen una proyección nacional e internacional a través de herramientas como los canales de divulgación virtuales, la facilidad para la grabación y producción de un álbum, que permiten que los músicos tengan más documentación fonográfica para divulgar sus propuestas.


La fusión se ha convertido en la primera estrategia utilizada por los músicos para comercializar su trabajo. Grupos como la Estudiantina Nogal, el Trío Nueva Colombia, el Grupo Cuatro Palos, el Grupo Café Es3, Guafa Trío, el Grupo Camerata y el Conjunto Ebano; algunos duetos (con voces armónicamente más elaboradas) como Nueva Gente, Sombra y Luz, Carmen y Milva, Diana y Fabián y Primaveral; los grupos Nueva Cultura, La Distritofónica, Puerto Candelaria y Septófono, y los solistas vocales Niyireth Alarcón, María Isabel Saavedra, Carolina Muñoz, Juan Consuegra; por citar sólo unos pocos, han trabajado con éstos recursos, obteniendo resultados óptimos y reconocimiento.


Todos éstas transformaciones coincidieron con un cambio en la industria de la música en donde las disqueras desaparecieron y la herramienta en la que se empezó a mercadear todo, es el Internet. Las influencias de los poderosos medios de comunicación (Qué tienen un panorama desolador en cuánto a Música Andina Colombiana), trajeron consigo nuevas sonoridades, nuevas formas melódicas y armónicas, nuevos lenguajes y nuevas técnicas desde distintas partes del mundo.[9]

De toda la música de las regiones colombianas, la andina es la que más ha evolucionado, en razón a que hace parte del repertorio de músicos estructurados en la Academia, instrumentistas virtuosos con conocimiento de diversas culturas y estilos del mundo. Hoy nuestro sonido está lleno de esos elementos foráneos que enriquecen la tradición y que facilitan su proyección internacional, siguiendo los comportamientos de las músicas que hacen parte de la "World Music" o "Músicas del Mundo" y que integran en un solo concepto toda la música popular o étnica de difícil catalogación, como es nuestro caso. “La universalización y auge de las músicas locales es sin lugar a dudas un acontecimiento que los músicos andinos debemos aprovechar”. [10]












[1] Carlos Barreiro Ortiz, Economista de la Universidad Nacional y comentarista musical.


[2] Jorge Añez (1892- 1952) Compositor, autor, cantante e investigador musical nacido en Santa Fé de Bogotá.

[3] www.trovadores-yucatecos.com/Bambuco


[5] Información suministrada por Juan Carlos Mazo, Periodista, comentarista y crítico.

[6] Esquivia Vásquez, Aníbal, "Adolfo Mejía", Rapsodia, núm. 20, año III; marzo de 1948, pp. 27-31.


[7] De Liras a Cuerdas, Hector Rendón Marín. 2009.

[8] Información suministrada por Federico Ochoa, clarinetista y saxofonista graduado en la Universidad de Antioquia.

[9] Maria Eugenia Londoño, Musicóloga con estudios realizados en la Academia de Música y Arte dramático de Viena y en el Instituto Interamericano de Etnomusicología y Folklore, Indef de Caracas.


[10] Sofía Elena Sánchez Messier, guitarrista del trío Colombita. Estudió en la escuela Luis A. Calvo, en la Universidad Javeriana y en la Fundación Musical Amadeus.